lunes, 26 de diciembre de 2011

Gracias.

Anteanoche fué Noche Buena. Ayer fué Navidad. Y hoy es lunes.

Hace un tiempo vengo sintiéndome distinta (cuando no) y eso se vió reflejado acá. Cambié de nuevo, cambié otra vez. Cambio, cambio, cambio. Esa maldita palabra que debe aparecer de vez en cuando, porque sino la vida es una garcha.
En éste último mes, mi vida se mantuvo en una situación lineal. El cambio fué más interno que otra cosa. Es un cambio que me llevó a dejar de frecuentar este espacio y me llevó un tiempo descubrir porque.

Porque este espacio cumplió su ciclo.

¿Es algo malo? No tiene porque serlo. Me dí cuenta que este sitio me dió mucho. Fué poco mas de un año, fué un viajecito lento, muy gradual, pero me sirvió para ver las cosas desde otra perspectiva. No me arrepiento de haberlo construido, pero siento que como todo en la vida, hay que avanzar. Caminar.

¿Es algo bueno? Nosé si sea bueno. Diferente quizás. Porque ¿saben que pasa? Siento que hay una etapa en mi vida que se cerró. La etapa de ser una simple observadora de la vida, pero nunca actuar. Nunca ser yo, dejar a los demas que vivan y jueguen como en una partida de ajedrez. Y antes, con mover las piezas era más que feliz. Pero ahora me dí cuenta que quiero jugar yo también.

Entonces es como que quiero simplemente dejar de escribir cuentos. Quiero comenzar a vivirlos.

Y es por eso que hasta acá llegué. Como dije antes, fué la mejor experiencia a nivel bloggero que pude haber tenido para empezar. Pero nunca digas nunca, como dice Justin (y acá todos me apedrean)

   
















 La Periférica. es el nuevo lugar dónde podrán leer mis desventuras y delirios. 

Así que como ven, ésto no es un final. Es un hasta luego.

¡Siganmé mis valientes! Y gracias por estar.

martes, 6 de diciembre de 2011

Y mientras tanto, en Ciudad Alpedo...

De veras que no me gusta ser tan contradictoria, pero en la contradicción se encuentra la naturaleza de ser humano. Eso de que no hay (inserte genital masculino o femenino aquí) que te venga bien es algo de todos los días. Siempre hay que encontrarle un pelo al huevo, un grano a la cara, una cosa de mierda que quizás es algo insignificante pero que te arruina todo el panorama. Entonces siempre falta algo. Siempre faltará algo, nada es total.
Ya hay olor a vacaciones, indudablemente estamos en la época del año que dice que hay que bajar un cambio. Y cuando ese "bajar un cambio" es abrupto, uno por ahi se pierde y no sabe como manejarse. Yo tenía mi rutina armada. Costó armarla, este año particulamente para mi fué re difícil, pero lo logré, sabía que de tal hora a tal hora, tenía tal materia, que a tal hora me quedaba un lugarcito libre para tomar el té con N., que tal día de la semana me iba a cruzar con esa fulana que me cae tan bien, y que el fin de semana algo tenía que ocupar mi mente.
Y de golpe y porrazo me bajan de eso y me encuentro que ya nada es así, ahora tengo tiempo al pedo. Que no es del todo al pedo, porque todavía tengo materias que rendir, cosas que leer, apuntes que estudiar, apuntes que hacer, cartuchera que ordenar, etcétera. Y es jodido. 
¿Cómo concha puede ser jodido estar al pedo? Nosé, pero para mi lo es. Si hay algo que no puedo, es organizar la nada. ¿Cómo se hace? Digo "Hoy no hago nada, me siento a mirar el techo, mañana leo y pasado me voy a La Colina de la pelotudez (ponele)". ¿Cómo se hace? Yo no sé, necesito ayuda.
Igual, de vez en cuando aparece esa sensación de espontaneidad que me dice "Ay, esa película que la tenés fichadísima, podrías ponertela a ver ahora". Y le agradezco al espacio de mi cerebro que se acordó.
Por más que lo aparente, no soy una mina espontánea, porque no fuí criada así. Las cosas que hago están sutilmente trazadas en un plan que capaz no fué detalladado finamente al 100%, pero que crea una estructura necesaria para mi desastre de vida. Vivo en un kilombo ordenado, se podría decir.
Desde que terminaron las clases, mi vida se volvió un caos ordenado/desordenado. La verdad es que mucho no hago. Ahora estoy más con el nene, pero me resta tiempo para estudiar. A veces estudio en la misma franja horaria, y para momentos de ocio ocio, todavía no tengo tiempo. 
Es jodida esta etapa del año porque nosé que hacer. Es contradictorio, esperar todo el año por las vacaciones y no saber manejarla cuando llega. Me embola querer hacer cosas y no disponer del tiempo deseado, después de algunas semanas acostumbrarme y luego, volver a putear cuando comienzan las clases de nuevo y querer tomar licuado de banana y no poder hacerlo porque acá no hay licuadora.

viernes, 2 de diciembre de 2011

Bienvenida, (nueva) realidad.

Entonces, la cosa es así.
En este casi mes que pasó, cambié. Nosé si mucho o poco, no hay un medidor de cambios. Pero me siento distinta.
Me separé. Del padre de mi bebé. De mi novio de los 17 años. La persona con la que pensé que pasaría varios días más. Terminó todo, como la mayoría de las cosas de la vida que nos toca vivir. En estos casi 2 meses que pasaron de esa decisión, no podría ser todo mas raro de lo que imaginé. Por un lado me siento libre. En paz. En cierto modo, ambos necesitábamos ésto, lo puedo asegurar. No creo que la decisión sea mala. Pero como todo cambio groso, lleva su tiempo acostumbrarse. Esa fué una de las principales razones por las que decidí "alejarme" un toque de acá, probablemente hubiera seguido poblando este maravilloso lugar con mensajes subliminales que no vienen al caso. Porque quiero mantener este sitio del modo más neutral posible.
Volví a lo de mis viejos. Con el rabo entre las piernas, llorando a moco tendido en un remís, así me recibieron mis viejos. Y nosé. También es diferente. El clima que se respira acá es extraño. Creo que en mi vida experimenté esta sensación en casa. Hay un clima muy familiero, muy tranquilo, muy agradable. Mamá y yo nos llevamos ciertamente mejor. No somos mejores amigas (nunca lo seremos) pero la quiero mucho a la doña. Y me dí cuenta que alejarme de ella un año bastó para extrañarla horrores. Y de mi padre qué decir. Siempre será mi primer amor.
Y creo que ahora estoy comenzando a encontrarle sentido a la llegada del Pichulín. Capaz todo a mi alrededor estaba tan intoxicado, tan sucio, tan peligroso, que él tenía que llegar, para calmar las aguas. Para retrotraernos a este ambiente, cómo a mi me gusta llamarlo, lindo.
Estoy soltera. Hace bastante no lo estaba. Y lo extrañaba. Extrañaba mirar hombres sin sentir culpa. O fantasear con alguien. O pensar en otra persona. 
Finalmente, yo. Estoy segura que todo pasa por algo. Y ese "algo", por más que no esté bien definido, por más que no sea algo certero, algo seguro, es lo que le da sentido a la existencia. Ni más ni menos.

lunes, 28 de noviembre de 2011

domingo, 30 de octubre de 2011

Tierra.

Me encanta andar descalza. Es una costumbre que mantengo desde pebeta. Amo sentir que debajo de mis pies no hay cuero de zapatos, sino tierra. Vida. Me encanta sentir las diferentes sensaciones que te produce el piso de tu casa. Puede estar fresquito, mojado, sucio. El contácto con la tierra es precioso. Como sentis que tenés contacto con otra cosa que no es artificial.
Siempre peleé con mamá porque, obvio, a ella no le gusta que ande descalza. Pero no lo puedo evitar. Hasta en invierno tengo que andar en medias aunque sea. Dejar a los pies libres de la prisión zapatérica y que se conecten con algo más.
No lo puedo evitar, es uno de los placeres más pecaminosos con los que puedo contar. Sentir algo más.

martes, 18 de octubre de 2011

Con reservas.

Capaz se sorprendan, pero en el fondo, soy una persona muy reservada. No me gusta contar mis "asuntos privados" tan libremente por ahí.
Me puse a pensar que, si soy así, ¿Porqué tengo un blog? ¿Porqué cuentos mis cosas acá, pero después pienso que no me gusta hablar sobre ello? Creo que es justamente por eso: hablar. Para mi siempre ha sido y siempre será más cómodo escribir. 
También es la manera, supongo. Al escribir puedo analizar de qué manera "quedaría mejor". Al hablar me pongo nerviosa y se me traban las palabras.
Pero más alla de eso, siempre fuí reservada. Inclusive de pequeña. Mi vieja me contaba que sabía que nunca me raptarían porque jamás le daba cabida ni confianza a nadie. La gente se me acercaba y me hablaba o me quería tomar de la mano o alzarme y yo no les dejaba. Y creo que esa es un poco la actitud que tuve gran parte de mi vida, alejarme porque no me sentía motivada a estar con otras gentes.
Ahora cambié, bastante, pero sigo manteniendo mi "cosa de ser reservada". Es algo que ya me quedó. Simple, si no te tengo confianza, no te voy a contar todo de mi. Por más que vos cuentes como te garchó tu marido el fin de semana. Aparte de no interesarme, me resulta muy de mal gusto contar esa clase de intimidades. ¿Dónde quedó la caballerosidad, o de última, la verguenza? Porque tenés que ser muy caradura para ventilar esas cosas. O capaz soy yo y mi modo de pensar tan retro. 
Y me gustaría que entiendan que si yo soy así, es mi elección. Y si vos querés contarme todo, hacelo, pero entendeme cuando yo no lo haga. Porque no tengo necesidad. O ganas. O ese nivel de caradurez jajajaja. 

lunes, 17 de octubre de 2011

Atención al consumidor.


En este espacio, pequeño pero mio, si bien hablo de todo un poco, también quiero explayar mi lado "quejoso" más todavía para ponerme el overol, salir a la cancha y DENUNCIAR. Sí señores, denunciar. En esta sociedad careta, alguien tiene que animarse a decir las cosas. Así que en próximas entregas espero sacar mi "Gonzalito de CQC" interno y mostrar la realidad, desde un punto de vista más "serio". ¿Porqué Gonzalito y no Facundo Pastor? Porque Gonzalito es más copado y nadie le haría nada a Gonzalito. Pero Facundo Pastor debería cuidar sus espaldas, o pagar a un policía que custodie su casa. Hasta esos extremos no, con la denuncia gentil y divertida alcanza.
Resulta que como todo acto social, a mi nene se le viene el cumpleaños. Si bien falta un poco, salimos a buscar, ojear o mirar ropa para él con mi vieja. Fuimos una tarde en la que el sol pelaba, la gente se amontonaba en la peatonal tipo película fatalista yanki (como toda semana previa al día de la madre). Esto saqué de casa casa a la que fuimos.

Mimo&Co: Mi vieja inchaba con que quería ir a Mimo, que me vivían comprando ropa ahí cuando era chica y que quería que El Pichulín use ropa de Mimo. Fué el primer local al que entramos.
Lugar: Lindo, bien ubicado en la peatonal, pero chico. Muy chico. Recuerdo que cuando era chica, era más grande y no, no estoy confundiendo por haber sido chica, el local solía ser mucho más grande. Habrán vendido alguna parte y quedó como un mini salón larguito. Y para un día como el que fuímos en que estaba lleno, no da. Por lo menos aire acondicionado había.
Atención: Le pedimos a un muchacho que nos muestre la ropa de vestir que había. Nos atendió amablemente, pero le dijimos que seguiríamos recorriendo y en todo caso volvíamos más tarde. En efecto, volvimos mas tarde, pero esta vez nos atendió una muchacha. Una cara de culo impresionante, poca disponibilidad, cero paciencia. Mientras mi vieja le probaba la ropa al nene, ponía unas caras que provocaban golpearle la nariz. Entiendo que laburar sea un plomo, pero ponele más onda, que se yo, si tu laburo es lidiar con personas, no podés ser un vinagre.
Precios: No es lo que se dice baratelli, pero hey, ¡Es Mimo! Y para ser una casa de ropa concheta y teniendo en cuenta la calidad buenísima de la ropa, los precios son "aceptables". De ahí le compramos una camisita blanca preciosa a $130.
Opinión Final: Está bien que un empleado puede tener sus días y que e suna lotería que te toque un empleado piola y como la gente. Acá hay variedad (en todos los sentidos). Pero igual no me convence. Le doy dos (2) cuentitos.

Coniglio: Fuimos de casualidad y me acordé que existía esa casa de ropa.
Lugar: No está en la peatonal pero es céntrico. No es la mejor ubicación de todas (nosotros encontramos el local de casualidad), pero por otro lado, esto permite que no se produzca un abarrotamiento masivo como en Mimo. Aunque nosé si sea lo que los dueños quieran (?) pero al menos el ambiente era muy tranquilo.
Atención: Mejor que en Mimo. Nos atendió una chica que era clara y te ofrecía variedad. Ok, la situación era diferente, acá aparte de nosotros había otros 3 clientes más nomás. Pero por momentos se le iba la paciencia y se le notaba.
Precios: Sorprendentemente más caro que en Mimo. Igual no era "la" diferencia, era un %15 o %20 más caro. Pero en tiempos como estos, esa diferencia vale. Pero los precios concuerdan con la calidade la ropa, que es bastante buena. De acá le comprarmos el pantalón, divino, a $200.
Opinión Final: Lo recomiendo, muy linda ropa, lindos diseños y excelente calidad. Los precios capaz te hacen retroceder pero si querés comprarle ropa de calidad al nene o a la nena, lo vale. Le doy tres (3) cuentitos.

Cardone: Una casa de ropa más "sport" que otra cosa, ropa campechana, pero re top.
Lugar: Lo top de lo top. Si tuviera un local, lo tendría así. Parecía un gran closet donde está toda la ropa, con mesitas y sillas. Pero la decoración era muy depre. Tiene una ubicación también muy topísima, a unos metros de la peatonal.
Atención: Buenísima pero lentísima también. Nos atendió una chica que a juzgar por la apariencia es hija del dueño (en realidad todos los miembros del staff se parecían). Era un sol, divina, preciosa, pero muy tortuga para averiguar los precios. Cuando ella "se iba a averiguar" yo ya había visto la etiqueta con el precio...
Precios: Muy caro, chicos. Carísimo. Y sí, el lugar es top, así que tiene que ser caro. Estaría buenísimo si la calidad textil lo demandara pero ví camisitas mejores en los bolichos de mi barrio. Una camisa de mediana calidad te salía $200...
Opinión final: Muy lindo todo, pero si tenés plata al pedo para gastar en ropa linda, pero de calidad dudosa. Le doy tres (3) cuentitos.

Ludoviquitos: Acá me van a perdonar pero me voy a re calentar y ya van a ver porqué.
Lugar: Siempre fué chico así que no estoy en posición de quejarme sobre eso.
Atención: Una chota. Sí, lo digo: una CHOTA. Todas eran minas, todas eran rubias de ojos azules, flacas, etc. Y te miraban como si fueras una pobretona del Barrio La Olla (sin ofender), porque sos morocha. Poca paciencia, poca sensibilidad y muy soberbias. Mi vieja se emocionaba porque "siempre le veníamos a comprar los zapatos a la nena acá" y no le daban ni 5 de hora. Ya se chicas que no les interesa la vida de mamá, pero al menos simulen o ponganlé buena onda. Yo esperaba que al menos la dueña o jefa les pusiera en caja y la dueña era la peor de todas. Tenía una cara de hija de puta increíble. De ahí habrán aprendido.
Precios: Lo normal. Ni muy barato ni excesivamente caro. Lo "esperable" para una casa de zapatos. Los zapatos de nene costaron $95, unos mocacines blancos.
Opinión final: Es una verguenza que se la crean tanto, siendo que somos los clientes y te tratan con un desdén increíble. Está bien, mi vieja y yo no somos rubias, altas, modelos anoréxicas que vienen vestidas para ir al boliche. Somos gente normal que espera se les trate con respeto y yo me sentí muy enojada con la atención pedorra que nos "brindaron". Y esto no se dió sólo acá, se dió en varios otros locales. Los bolichos de ropa de mi barrio dan mejor atención que estas tienduchas del centro. Les doy un (1) cuentito, por vivas. 

¡Y la ganadora de la jornada es: Mundo Disney
Lugar: A dos cuadras de la peatonal. Un lugar chico, pero más "respirable" que en Mimo. La decoración es muy festiva y divertida y la mercancia está estratégicamente colocada para que puedas observar todo lo que hay.
Atención: De primera. Las empleadas son mujeres grandes, capaz por eso tienen "otra onda" de laburo. Nos explicaban todo y nos mostraban todo, con una onda bárbara. Y en éste local, que fué el último al que fuimos, fué el único en el que le dieron pelota a mi hijo, lo saludaron, le hablaban e intentaban entretenerlo.
Precios: Comparado con otros, barato. La misma camisa que en Cardone nos quisieron encajar a $200 mangos, acá nos salió $80, y de mucha mejor calidad porque era de algodón. Por supuesto que nos la llevamos.
Opinión final: muy buena vibra, buenas personas, variada mercancía, no es una casa de renombre y aún así es la mejor casa de ropa que encontré. Les doy la calificación más alta, cinco (5) cuentitos.

Y así finalizó el recorrido. Ya saben, si quieren comprar ropa de calidad y barata, vayan a Mundo Disney, por Mendoza 787, en Corrientes

domingo, 16 de octubre de 2011

Los "días de".

Cómo casi todas las cosas en la vida, pasan por primera vez. Me encuentro escribiendo en el día de la madre, mi primer día de la madre.
Yo no soy fanática de los "día de". No creo en eso, para mi son paparruchadas comerciales, para sacar plata a la gente, aumentar el consumismo reinante (qué encima está mal, la gente consume y no gana plata). Mi vieja es mi vieja todos los días, mi viejo también lo es, mi abuela lo es e incluso mi hijo también lo es.
Mis momentos en este día no son lo que se pueden describir como "alegres" tampoco. Nosé porque la gente siempre elegirá estos "días de" para ponerse empedo, no ser conciente de lo que se dice y lastimar a los demás con sus comentarios (les digo que mi familia no es la familia perfecta).
¿Por qué elegir un día por sobre los demás? ¿Quién eligió este día? Porque al menos, si me dejaran elegir "el día de tal cosa" elegiría un día que, de echo, signifique algo para mi. Algún momento vivido, algún recuerdo de la infancia, alguna frase dicha, cualquier cosa. Y ese sería mi "día de". Y el de todos.
Pero si lo pensamos de ese modo, seguiría siendo en vano. Hay muchos momentos vividos, muchos recuerdos, muchas frases. Es imposible elegir solo una. Entonces volvemos al mismo dilema.
Así que ¿porqué nos remitimos a un día que un extraño elige para decirle a la vieja lo que la queremos, o demostrárselo con algún regalo? Digamosle lo mucho que la apreciamos todos los días. Sí, cuesta, pero ¿por que no? Será mejor que arrepentirnos después.
Igual, ahora que soy mamá, entiendo un poco mas esto del "día de". La gente está todo el año con sus cosas, con su laburo, con sus obligaciones, que está bueno dentro de todo descolgarte un día, sumergirte en vos, con el resto de los que te rodean, y pasar un rato agradable. Y ser normal de vez en cuando también está bueno.

miércoles, 12 de octubre de 2011

¿Es la nueva temporada de The Walking Dead o las fans acosando a Justin?

Viendo la ola de hormonas feminas juveniles alborotarse ante la llegada de JB al país, se me ocurre pensar si alguna vez mis propias hormonas se sacudieron tanto ante algún artista. Cualquiera.
Si bien siempre me gustaron muchos cantantes, actores, etc, si tenemos que limitarnos al aspecto masculino, la brecha se ensancha acorta. Era (y soy) muy fanática de Johny Depp por ejemplo, o de los actores clásicos de ese estilo. Aunque si vinieran a Argentina, no tendrían el furor de un cantante.
Aunque soy conciente de que mis gustos (tanto en la música, como actuación como en todo) son extremadamente raros. Muy pocas veces coincido en gustos con alguien. Me encantan Brandon Flowers y Julian Casablancas (cantantes de 'The Killers' y 'The Strokes' respectivamente). Me imagino, si tuviera la posibilidad, perguiéndolos como las 'believers' o como se llamen las fans de Justin Biever.
Entonces ellas la tienen más fácil, pueden reventar su fiebre en grupo. Es más fácil, no pasas por loca, o mejor dicho, sí, quedás como una loca enferma, pero al menos no sola. 
Lo que me copa de ellas es que son como una mini tribu urbana, tienen sus códigos, su nombre, su estilo (emulando a Justlin). Si yo tuviera que hacer lo mismo con mis cantantes preferidos, nosé que clase de híbrido quedaría. Las fans de Brandon (si consigo mas) nos haríamos llamar "Las Flores" o "Las Jardineras" (?). Capaz nos vestimos de maestras jardineras y acosamos a Brandon hasta que llegue a su hotel.
Aunque se las critique, la verdad que algo envidio alas Believers y su mundo. Yo nunca tuve una fiebre loca por alguien, y creo que si la tuviera, no la haría tan pública. Y no digo esto por tener 21, también pensaba igual en mis años mozos. Nosé, exponerme tanto nunca fué muy de mi agrado.
Pero ese será otro post. 

lunes, 10 de octubre de 2011

Volver.

Volver al barrio de la infancia implica muchas cosas.
Desde que volví, me sigo sorprendiendo de todo. Es como mirar un lugar desde diferentes perspectivas. Las cosas que antes no me llamaban la atención ahora lo hacen. Los árboles, las casas, la gente, las calles de tierra. Sólo hay una palabra que me sirve para definirlo: pintoresco.
Igual, decir mi barrio es abarcar demasiado. Cuando yo hablo de mi barrio, me refiero en realidad a mi cuadra, la cuadra donde está mi casa y las de mis vecinos. En mi cuadra hay 7 casas. En la de una esquina, vive M. amiga de mamá, está casa con R. y tienen muchos pibes. La menor, M. ahora debe estar teniendo unos 14 años. Y me choca, ¿saben?. Yo prácticamente la ví nacer. Mi papá la llevó a su madre cuando estaba por parir. Yo le enseñé Matemáticas y Lengua un verano, ella fué mi primer alumnita. Y ahora la veo, con ropa muy sugerente, un lomazo (hay que admitirlo) y con algún que otro noviecito. Es re loco.
Al lado está una familia muy numerosa, que nunca supe el apellido, pero como decía antes, son UN MONTÓN. Con todo lo que eso implica. Se que sus ingresos principales son del desagote de cañerias. No es tan interesante.
Después están un matrimonio que tuvieron 4 hijas. Sí, cuatro mujeres. La mayor, T. es unos 4 años más grande que yo y está re buena, pero es muy creída y por eso no me cabe. La que le sigue, N, es un año mas grande que yo y era una amiguita mia casual. Casual significa "cuando tengo ganas". Cuando tenía ganas me visitaba, cuando tenía ganas me invitaba a su casa. Después, nada. Ahora se juntó y tiene 3 pibes. La hermana que le sigue, C. va en camino a lo mismo, aunque es un toque mas inteligente, pero tiene una cara de culo tremenda, creo que este año termina el colegio. Y con la mas chica nunca tuve trato.
Al lado de ellos (y cerquita de casa, ya estamos llegando) está una familia tipo, un matrimonio de unos 40 años, con 3 purretes, el más grande debe andar por los 13 ahora.
Después está el demonio que les hizo la vida imposible a mis viejos: la paraguaya. La paraguaya es una vieja chota. No hay otra manera de describirla. Es de esas viejas chotísimas que viven en la puerta de la casa, amarga y fea. Para qué mentir. La cuestion es que entre ella y mis viejos hay una rivalidad de al menos 30 años. A mi siempre me chupó un huevo, pero si me soy cuenta que La Paraguaya tiene maldá. Y con la maldá no se jode.
Después estamos nosotros. Mis viejos, el Pichulín y yo. 
Al lado nuestro está Doña Rosa y su marido y los dos hijos. Un varón y una minita. Con el varón me dí mi primer beso, a los 6 años. Y ahora está mas feo que bañarte en invierno con agua fría. Y la mina debe tener unos 16 y es gorda. Encima usa la pollera del colegio cortísima y se le ven las estrías. Nena, ¿nadie te dijo que te queda feo?.
Y en la esquina, actualmente nosé quien vive. Ahí siempre vinieron y se fueron miles de familias.
Y ese es mi barrio señores. Capaz que no sea el mejor barrio (¿existe eso?) con la gente más top, que está en la periferia y que somos gente común. Pero me llegué a acostumbrar a esto. En cierto modo lo extrañaba. A veces, cuando vuelvo de clases, veo a los que eran criaturas convertidos en asolescentes y me da un noseque. Pensar que los que eran bebés ahora son las criaturas del barrio que hacen ruido a la siesta y no dejan descansar, me hace sentir algo de nostalgia y alegria al mismo tiempo. Este aire no se siente en todos lados. Es un aire que me hace pensar que sí, que volví a casa.